domingo, 27 de noviembre de 2011

De serpientes y manzanas


¿Por qué se empeña la serpiente en obligarnos a desear lo imposible?

Maldito reptil, no quiero tus manzanas. Son dulces, perfectas, pero no las puedo comer.
Maldita mujer, Eva, primera en sucumbir, que me incita con sus sutiles encantos a probarlas. Coloca la manzana ante mis narices, y sin vacilar, me susurra: "¿Te gusta? ¿Quieres probarla? Pues es tuya" Cuando me resuelvo a intentarlo, la aparta de mi boca haciéndome morder el frío aire.

Maldito reptil, que una vez vencido, vuelve cuando estoy indefenso. Anciano y listo reptil, que sabe que en la realidad no puede abatirme, me ataca en sueños, mostrándome sus manzanas de mil formas. Millones de ellas, rojas, verdes, doradas. Algunas cantan, otras danzan a mi alrededor. Me hablan. Me hablan de amor, de deseo, de arte con sus bocas llenas de pepitas.
Maldita fruta, que me conoce mejor que nadie, cuyo jugo corre por mis venas, me tortura con sus promesas de poca monta. Cual niño mimado que no tiene su juguete me hace sentir. "Niño adulto, niño con barba" me llama la hija del manzano.

No puedo, no puedo, no debo.
Me despierto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desahogo con esperanza

No quiero ni empezar a pensar  en que esto pueda acabarse. Ha sido (¿es?) algo tan  inexplicablemente bueno, que me da miedo la posibilidad ...