viernes, 28 de diciembre de 2012

De cómo Hamlet es y no es

Hamlet Post Scriptum

Fotografía: Encarneviva

de Roberto García de Mesa
con Javier Cuevas 



Dice Marcelo al final la escena IV del primer acto de Hamlet: "Something is rotten in the state of Denmark". Parece que en esta nueva interpretación de un clásico de la literatura universal lo que tiene algo podrido no es sólo Dinamarca, sino que toda Europa se presenta "rotten". Dicha expresión se usa en los países de habla inglesa para describir una situación de corrupción o algo incorrecto. Y corrupta está la Europa que habitamos todos los Hamlets de hoy en día, traicionados por una Gertrud que sigue adelante olvidándose que tiene hijos.

Hacer nuevas dramaturgias a partir de Hamlet no es nada nuevo. La sensación de vacío y la situación de la acción a posteriori de la obra original me recordaron a los recursos utilizados en Máquina Hamlet de Heiner Müller, donde el texto comienza con un "Yo fui Hamlet". Ese FUI implica un Hamlet consciente de su muerte, del paso del tiempo, que sigue reflexionando pero teniendo en cuenta los cambios producidos en la sociedad donde vive, un Hamlet corrompido por su propia tragedia. Todo esto está presente también en Hamlet Post Scriptum aunque quizás menos ligado a la línea de acontecimientos del Hamlet de Shakespeare y más destinado a las temáticas que encierra. Reflexiona acerca de conceptos antropológicos y, por tanto, universales e imperecederos presentes en la obra original. ¿Existe libertad en el ser humano? ¿Tienen trascendencia nuestras acciones? ¿Podemos luchar contra un destino que se nos ha impuesto? Parece que la muerte es la única vía en la que dichas preguntas pueden ser contestadas de forma afirmativa. Y¿qué diferencia existe entre entre la muerte y una vida sin todo eso? El ser humano aparece representado en la pieza como un "juguete del destino" cuyo sino es morir. Así Hamlet, destinado a morir desde el principio de la pieza, somos todos los seres humanos, viviendo una existencia falsa, luchando por tener libertad como una mosca golpeándose contra un cristal, mantenidos en una especie de lata de conserva que nos mantiene, medio vivos medios muertos, en un limbo constante e imposible de romper. Ese Hamlet es el mismo Hamlet hace 400 años que hoy, la obra extrapola al personaje por encima de la obra homónima y le da valor por sí mismo independiente de un castillo y de una Ofelia que, según dice, poco recuerda y no tiene demasiado interés en recordar. El Hamlet que vemos ha dejado de jugar con calaveras y se encuentra solo, como la metáfora del corredor de fondo, en un espacio familiar e indefinido en el que no puede avanzar ni retroceder.

El espacio está concebido desde un punto de vista estético y funcional, muy propio de un montaje contemporáneo, no se busca una representación figurativa de ningún lugar concreto, es más bien un espacio que perfectamente puede ocurrir dentro de la mente del personaje. Aún así es una habitación donde encontramos elementos reconocibles, que son utilizados de formas diversas en el transcurso de la obra. Bien para interactuar de forma habitual, como tocar la guitarra, o bien para hacerlo de manera no convencional o para un juego metafórico, como el caso de la máscara de Obama que se usa como mapa meteorológico. La semiótica de los objetos va mas allá de su valor propio, adopta significados en relación a la interacción con los mismos o a su uso. Está presente el uso de medios tecnológicos, como es el caso de las proyecciones, con las cuales se interactúa directamente. El actor no es solo actor, sino que está a caballo entre actor y performer. Realiza acciones sin valor dramático puramente entendido mezclado con textos de un estilo más convencional (en el sentido de teatral). 

En general es una propuesta fresca, actual, que propone una visión interesante acerca del comportamiento humano en función a la situación que le rodea. Es una llamada de atención a una sociedad que nada por mares de inseguridad. El que seguramente es el personaje más conocido de la historia del teatro, vuelve en forma que muchas veces recuerda a la del cabaret para ofrecernos sus nuevas reflexiones. El Hamlet de siempre, por su actualización resulta no serlo y por su vigencia lo es.


Damián Montesdeoca

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